Pemex cae a su peor nivel de producción en 40 años, y solo un milagro la puede salvar

Pemex

Dentro de un año estaremos en la recta final de la primera mitad del actual sexenio, entonces faltarán sólo unos cuantos meses para que Petróleos Mexicanos (Pemex), tome plenamente el papel que el gobierno en funciones le destinó: Palanca del desarrollo nacional a partir de la segunda mitad de la administración.

El problema es que un año y unos cuantos meses parecen poco tiempo para revertir la crítica situación por la que pasa la otrora paraestatal mexicana, sobre todo por el contexto económico mundial y nacional que no es el ideal para que ello ocurra. De no modificarse la situación en el tema de Pemex, como en otros más como por ejemplo la creación de 2 millones de plazas laborales nuevas en 9 meses, se requerirá un auténtico milagro para lograr el objetivo.

Pérdidas históricas, precios internacionales del petróleo volátiles y con perspectiva de debilidad o cuando mucho de estabilidad en niveles que apenas superan los costos, más decisiones que en los hechos han revertido la reforma energética de 2014 e incluso el aviso de una eventual contrarreforma, además de un desplome de su producción al menor nivel en 40 años, no son el mejor escenario para una compañía que en breve deberá tomar el papel protagónico al que la destinaron las autoridades.

Al margen de todo, no es exagerado decir que Pemex enfrenta hoy la situación más crítica de su historia: sus finanzas están devastadas, su crédito corporativo por los suelos, su plataforma productiva sumamente deteriorada por decir lo menos, y la perspectiva mundial no ayuda en lo absoluto. Pemex es demasiado grande e importante para México y, por lo tanto, no puede quebrar. Pero la economía mexicana no puede soportar un lastre del tamaño de Pemex, sin que se presenten consecuencias graves.

¿En dónde quedó la gallina de los huevos de oro”?

El 12 de enero de 2017, el entonces presidente Enrique Peña Nieto dijo una de las frases que pasará a la historia económica del país, no por su relevancia, sino por ser el reconocimiento pleno de lo que desde entonces enfrentaba Pemex, Peña Nieto dijo: “Se nos acabó la gallina de los huevos de oro”, refiriéndose a la crítica situación de la petrolera mexicana, con todo lo que por años significó la empresa en ingresos para el país; por supuesto que le faltó aceptar su responsabilidad en la tragedia de Pemex.

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Pero en efecto la “gallina de los huevos de oro” había muerto, aunque los intentos de resurrección no han funcionado y, peor aún, la mantienen artificialmente viva.

En lo que va de este gobierno, Pemex acumula pérdidas de 946 mil millones de pesos, equivalente a 43 mil millones de dólares, nunca en su historia la empresa había perdido tanto, son pérdidas que de hecho ninguna petrolera en el planeta ha registrado sin colapsar, y cifras que ninguna empresa del sector que sea podría perder sin que su estructura corporativa se sacudiera, ninguna empresa en el mundo, excepto Pemex, se daría el lujo de perder tal cantidad de dinero y que prácticamente no pase nada.

Si hablamos de deuda, Pemex tiene el nada honroso distintivo de ser la petrolera más endeudada del planeta. Es cierto, el enorme débito de Pemex es herencia del pasado, así dejaron a la “gallina de los huevos de oro”, moribunda y endeudada. Pero, este sexenio solamente se ha administrado dicha deuda, no baja ni un dólar, sólo su servicio compromete gran parte de los ingresos anuales, cuando los hay, de otro modo el pago de intereses debe hacerse con recursos públicos. Operar una empresa que debe más de 100 mil millones de dólares no es sano bajo ningún concepto, el desendeudamiento es la única opción, o la quiebra.

Al inicio de la actual administración el diagnóstico que se hizo de Pemex fue en el sentido de aumentar la producción, con la esperanza de que los precios del petróleo volvieran a dispararse para que los ingresos hicieran lo mismo, y con ello empezar la recuperación. Una especia de “re-administración de la abundancia”

Pero el escenario global se desmoronó incluso antes de la llegada de la pandemia. El raquítico crecimiento global simple y sencillamente no impulsó la demanda de petróleo y el mercado padece desde hace años los estragos de una sobreoferta, que ha llevado entre 2016 y 2020 a realizar tres recortes de producción en la comunidad petrolera internacional para tratar de mantener a flote los llamados petroprecios. En el último acuerdo de recorte de producción de crudo, México tuvo que ceder a regañadientes y disminuir su producción en 100 mil barriles diarios, lo que resultó un golpe más para la vapuleada industria petrolera nacional, y para la estrategia de hacer de Pemex el baluarte económico que tanto se ha pregonado.

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En este contexto, los datos de producción de Pemex en julio pasado se desplomaron a su nivel más bajo en 40 años; De acuerdo con las cifras de la propia empresa, durante el séptimo mes del año la producción de la compañía, considerando socios, fue de 1.595 millones de barriles de petróleo diarios, sin socios la cifra fue de 1.575 millones de barriles; no había una cifra de producción tan baja desde el mes de octubre de 1979.

En 2018, al inicio de la actual administración, el mundo producía 94.718 millones de barriles de petróleo diarios, mientras que Pemex producía en promedio 1.813 millones de barriles diarios, lo anterior significaba que nuestra compañía petrolera producía en ese año apenas el 1.91 por ciento del total mundial. Con la cifra conocida para julio, Pemex produce ahora el 1.71 por ciento del total con toda y que la producción global se ha reducido por los recortes antes señalados.

El 15 de diciembre de 2018, el naciente gobierno federal que actualmente está en funciones anunció el plan de producción de hidrocarburos de Pemex para los próximos seis años, cuya meta principal era el incremento de la producción petrolera mexicana en un millón de barriles diarios al cierre de la administración, para llegar a la meta de 2.624 millones de barriles por día (mbpd) al 31 de diciembre de 2024.

Si consideramos las cifras de julio de este año, Pemex ya tiene un déficit de 1.029 millones de barriles diarios de petróleo. Para lograr llegar a su objetivo, deberá aumentar desde ahora su producción en poco más de 19 mil barriles de petróleo mes con mes durante 53 meses, pero hoy no se ve cómo; si consideramos la producción de Pemex a inicios del sexenio con la que hoy refleja, ya existe una caída de 218 mil barriles en la producción diaria, equivalente a 12.02 por ciento, la tendencia en casi dos años es inversa a la propuesta en el plan de producción de hidrocarburos.

La “gallina de los huevos de oro” murió hace algunos años, y resucitarla no ha sido la mejor opción, Pemex se perdió entre las malas administraciones y las decisiones erróneas, es cierto que en el pasado se cometieron errores garrafales pero en la actual administración se le está dando el tiro de gracia.

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