‘¡Corona, corona, devuélvenos la pelota!’ Combatiendo estigmas del COVID-19 en la India

La pandemia del COVID-19 ha planteado un desafío único para los trabajadores situados en primera línea: lograr un equilibrio entre ayudar a los pacientes a confrontar creencias inexactas sobre la enfermedad y manejar sus propios miedos.

Hace tres meses, cuando llegué a la ciudad de Patna, en Bihar, el lugar donde nuestro equipo iba a instalar un centro de tratamiento y que se convertiría en mi hogar durante los dos meses siguientes, me di cuenta de que la pandemia es más compleja de lo que imaginamos y de los pocos recursos que se han destinado a hacer frente a los factores psicológicos que influyen en los problemas de conducta relacionados con la misma.

Bihar, el primer estado donde Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó un proyecto de COVID-19 en la India, es también el tercer estado más poblado, con solo 11 por ciento de su población viviendo en áreas urbanas. Desde marzo, alrededor de 3.2 millones de personas han regresado de todo el país a sus zonas de origen en Bihar en medio de la pandemia.

Con solo 0.11 camas y 0.39 médicos por cada mil habitantes, el estado cuenta con una infraestructura sanitaria frágil, que puede verse abrumada fácilmente por la creciente carga de casos. Bihar también tiene el promedio de pruebas más bajo del país.

Garvit Nangia/MSF

En un área tan densamente poblada, el acceso a información por parte de una sección de la prensa tiene el potencial de aumentar el pánico entre la población. La difusión de datos correctos y la sensibilización se convierten por tanto en aspectos fundamentales para abordar la pandemia, dado que la falta de conocimiento conduce a menudo a rumores.

Incluso entre los trabajadores de primera línea, conocer, comprender y adoptar las medidas adecuadas de prevención y control de infecciones es algo que solo surge fruto de un diálogo continuo.

Uno de los mayores desafíos que tuvimos fue propiciar un cambio de comportamiento entre la gente, tanto pacientes como personal. Este no se limitó a aspectos como el distanciamiento físico, la higiene y el uso de mascarillas, sino también a disipar de manera activa cualquier concepto erróneo, temores en torno al COVID-19 y a lidiar con nuestros propios problemas de salud mental.

Garvit Nangia/MSF

El polideportivo Patliputra de Patna, donde instalamos el hospital, se encuentra junto a un solar donde los niños del barrio acuden a jugar críquet. Un día, una pelota cayó desde el otro lado a nuestras instalaciones. De repente, comenzamos a escuchar a los niños gritar ‘corona, corona, devuélvenos la pelota’. Sí, nos llamaron ‘corona’, un término coloquial para el padecimiento provocado por el virus SARS-CoV-2.

Inicialmente pensé que era divertido, pero en realidad es un reflejo de cómo se perpetúa el estigma hacia los trabajadores de primera línea y las personas infectadas con la enfermedad.

Con más de 2.9 millones de infecciones reportadas , la India tiene el tercer mayor número de casos del mundo. A medida que el virus se propaga, también lo hacen el miedo y el estigma, que afectan a ricos y pobres y se extienden por ciudades y pueblos.

Cuando decidí trabajar en este proyecto, mi mayor preocupación era cómo reaccionarían mis vecinos una vez que regresara a casa. Había suficientes historias en los medios de comunicación sobre vecinos que acosaban a las familias de las personas que trabajaban en primera línea. Decidí olvidarme de esta preocupación para lidiar con ella más tarde, pero no fue diferente en Patna.

Una semana después de llegar, las personas que viven en los alrededores del complejo deportivo comenzaron a protestar en redes sociales contra la apertura de un centro de tratamiento de COVID-19 en su barrio por temor al contagio.

A muchos de nuestros empleados locales también se les pidió que abandonaran sus hogares durante la noche una vez los propietarios se enteraron de que estaban trabajando en la respuesta a la pandemia.

El miedo y el estigma en torno a la pandemia también supusieron un obstáculo para contratar personal. Algunos trabajadores recién reclutados abandonaron el proyecto en el último minuto por temores. Hemos tratado a pacientes que fueron expulsados de sus hogares o agredidos por sus vecinos después de dar positivo en la prueba. El estigma obliga a las personas a ocultar la enfermedad, a evitar las pruebas y retrasar la hospitalización, lo que a menudo acarrea graves consecuencias.

Garvit Nangia/MSF

“Tienes la valentía que a mí me falta”.

“Eres muy fuerte”.

“Estamos muy orgullosos de ti por hacer esto”.

Estos son algunos de los mensajes que recibí de mis amigos cuando me marché para trabajar en el proyecto. Vistas desde fuera, las personas que trabajan en la respuesta a la pandemia son fuertes y resistentes frente a lo desconocido. Lo que pasa desapercibido es que su apariencia externa tranquila es la única ‘armadura’ que tienen.

Para mí, trabajar en la respuesta al COVID-19 significó tener que poner ‘cara de valiente’ en todo momento y no dejar que mis miedos y preocupaciones afectaran mi trabajo. Al mismo tiempo, para reducir el riesgo de infección, optamos por aislarnos socialmente. Esto significó elegir permanecer lejos de nuestras familias durante un período prolongado y minimizar la interacción social entre colegas.

Esta interrupción significativa del contacto social para ayudar y proteger a los demás tiene como consecuencia pasar mucho tiempo solo y afecta profundamente al bienestar mental; surgen miedos y paranoias que se magnifican aún más si alguien de tu entorno da positivo.

La situación es peor para los trabajadores sanitarios. Tienen que lidiar con los traumas que ven y vivir con las decisiones que se ven obligados a tomar en su trabajo. Las personas que trabajan en primera línea apenas se mantienen unidas por un hilo. Estaba asustada y sufría ansiedad. Mis colegas también. Todos teníamos problemas para dormir y nuestros ánimos cambiaban constantemente. Esa percepción de que los trabajadores de primera línea son valientes es en realidad un arma de doble filo para ellos.

Garvit Nangia/MSF

La pandemia COVID-19 es mucho más que una crisis sanitaria porque tiene el potencial de crear efectos sociales, psicológicos, económicos y políticos devastadores que dejarán cicatrices profundas y duraderas.

En nuestro centro de tratamiento, todos los días los consejeros en salud mental pasan horas hablando con los pacientes, escuchando sus preocupaciones y tratando de entender la enfermedad. Observan activamente los comportamientos y prácticas de los pacientes y tratan de corregirlos cuando es necesario.

La pandemia ha traído pánico y caos a la población y a menos que la gente esté equipada con la información correcta, será difícil romper esta cadena.

A medida que la respuesta evolucione y se evalúe el impacto a corto, medio y largo plazo, es pertinente que los sistemas de salud comiencen a invertir más en apoyo psicosocial, y en sensibilizar y luchar contra la desinformación como parte de la estrategia para amortiguar el impacto potencialmente devastador del virus sobre personas vulnerables y trabajadores en primera línea.

*Smriti Singh trabajó como coordinadora adjunta del proyecto de COVID-19 de MSF en Patna entre mayo y junio de 2020

Médicos Sin Fronteras fue fundada en Francia en 1971 por un grupo de médicos y periodistas. Ganaron el Premio Nobel de la Paz en 1999 por su labor humanitaria en varios continentes. MSF tiene operaciones en más de 70 países, entre ellos México, donde la oficina se estableció en 2008.

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